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Moderadores: OMA, pamplina, David, Timmy
Autor Mensaje
Danniel Dire
jue 17 feb 2011, 09:29
Miembro registrado #2362
Unido: jue 17 feb 2011, 07:42
Mensajes: 4
Gracias, Direguay, por tu bienvenida.

Si, entre por la puerta del directo. Poco despues saldría BIA, y ya la puerta ya se quedó abierta para que entraran todos.

Pero te diré que quizas sea el album que menos me guste (si, si...el BIA es el que menos me gusta..no me lapideis). Para mi, la mejor época de los DS acabó con Alchemy, como colofón. No digo que lo siguiente sea malo, ni mucho menos, pero algo de su espíritu se pierde ya en ese album.



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joaquinsanchez
jue 17 feb 2011, 01:21
Ultrasur knopfleriano
Miembro registrado #145
Unido: lun 27 sep 2004, 02:30
Localidad: Madrid
Mensajes: 1566
Es curioso como muchos el primer disco que conocimos fue el BIA y es, con diferencia, el que menos escuchamos junto con el OES. En mi caso, menos que el OES. Yo decubrí, como ya dije, BIA con 11 años. Me gustó. Y con 13 me dejaron el Alchemy en VHS . Fue cuando me convertí en fanático. El mismo día que devolví el VHS al amigo que me lo dejó, me compré el vídeo en el camino de vuelta a casa.

Aun recuerdo en 1991 lo que me costó ahorrar 25.000 pesetas para poder comprarme un reproductor de CD de los de entonces para acoplarlo a la mini-cadena. El motivo salía el OES. Compré el aparato diez días antes, y aun así, ese mismo día, ya compré el Communiqué y el Local Hero en CD. Aún me emociono cuando vuelvo a casa y me encuentro el DS, LOG, Alchemy y MFN, más el de los Notting y el de Chet, en vinilo. El MM, BIA y Communiqué los tenía grabados en casette y tenía casette original de The princess bride y Last exit to Brooklyn. Al poco de tener el cd, tenía las obras completas en cd, con lo que costaba un cd entonces y los ingresos de un chico de COU, qué equilibrios ... Y en octubre de 1992, los ví en directo ...
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Direguay
jue 17 feb 2011, 04:38
Miembro registrado #1801
Unido: mar 14 jul 2009, 11:49
Localidad: Asunción
Mensajes: 736
Danniel Dire escribió ...

Pero te diré que quizas sea el album que menos me guste (si, si...el BIA es el que menos me gusta..no me lapideis). Para mi, la mejor época de los DS acabó con Alchemy, como colofón.

Somos mas de lo que parecería al principio.
En mi caso no es el que menos me gusta, pero está en un poco honorable penúltimo lugar, y solo porque contiene en MFN y el BIA (tema).
No soy tan drástico respecto al Alchemy.
No me cansaré de defender al LOG como mejor disco, y aceptar que en mi podio las tres medallas se las llevan discos anteriores al Alchemy.
Pero con los años tuve que aceptar pragmáticamente el valor de sus dos ultimos discos de estudio, y últimamente - en este Foro - asumir una postura en defensa del OES (algo vapuleado por algunos) e intentar desmitificar la real importancia del Alchemy.
Es placentero pensar que uno tuvo la virtud de descubrir algo maravilloso llamado Dire Straits "antes" que la masa lo descubra.
Es menos placentero formar parte de esa masa y decir alabanzas rspecto al BIA y al OES.
Pero es un poco iluso afirmar que la masa estaba equivocada, que el exito estaba equivocado, que a los medios simplemente se les "ocurrio" levantar a los DS.
Sigo afirmando que es menos importante la puerta por la cual entramos, que el hecho concreto de que 20 años después, aún estemos adentro.
Saludos
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rberasategui
mar 01 ene 2013, 11:10
Miembro registrado #1975
Unido: mié 04 nov 2009, 03:00
Localidad: vitoria
Mensajes: 227
RECORD DE ENTRADAS EN ESPAÑA. Acabo de flipar con el Record histórico de venta de entradas en España, que los mantienen TODAVÍA los Straits desde el 92. Vendieron más de 500.000.

[ Editado sáb 06 dic 2014, 03:09 ]
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vilanovarousa
lun 23 feb 2015, 02:18
Miembro registrado #1741
Unido: sáb 30 may 2009, 11:59
Localidad: vilanova de arousa
Mensajes: 704
A ver qué os parece mi historia...



EL INSTITUTO

Octubre 1990

Con la tez espectral me adentré primerizo en el Fermín Bouza Brey de Vilagarcía, el instituto de F.P. donde mi hermano gozaba de buena reputación después de haber representado al Centro en un concurso organizado por PSA Citroën.
Por su parte, Lino y Sito abandonaron sus estudios al terminar la E.G.B. Su intención: la construcción.
Dani, el que me enseñara los billetes en la tienda de la tía Fina, seguía cumpliendo condena por tráfico de estupefacientes.
Ante mis ojos un mundo por descubrir: un Shangri-la de mocedad, montañas de música, horas libres y un ambiente similar al de un sábado noche todo el día. Resumiendo, procuré que los estudios no me robasen mucho tiempo y realizar el resto de actividades que se presumían más seductoras.
Me matriculé en la rama de Automoción siguiendo los pasos de mi hermano, presumiendo un futuro profesional en común.
Meses antes recibiéramos información sobre las distintas salidas una vez terminada la enseñanza primaria. Mis profesores me aconsejaban cursar el Bachillerato. La F.P. para los que no valen, decían. La situación cambió radicalmente haciéndose justicia. Sin excederme, la Formación Profesional en mi caso fue más provechosa que la Universidad.
Crucé el portal. Las hormonas metamorfoseaban a los de catorce poniéndose tiesos a melindres. Tropicales palmeras, recios robles, varios cipreses sacramentales y un sauce llorón entre otros aderezaban los jardines. El áureo de las hojas de otoño contrastaba con el parterre y los distintos edificios de cara vista rojo.
En frente figuraban los talleres de Metal y Automoción, a los cuales se accedía a través de un estrecho pasillo de losas de cemento grisáceo. Los Vespinos y las Derbi eran percibidas como afamadas obras de arte. A la izquierda del callejón se emplazaban los pabellones de Electrónica y Electricidad, así como las aulas de Secretariado y Administrativo que a menudo conseguían que nos despistáramos más de la cuenta. Los vergeles cuidaban el entorno pero tampoco contribuían al rendimiento académico.
En el centro se erigía el edificio principal. Entre este y los talleres más césped y algunos juncos cercando el porche que nos abrigaba de la lluvia. En la planta baja estaba la biblioteca que sin guardia parecía un pub. Repartidos por el recinto varios altavoces, cosa de los Eléctricos, y la música pinchada en la emisora del instituto. Con la temprana noche de los inviernos la galería se atestaba de jóvenes, algunos advenedizos, recreando las más verdes de Dirty Dancing; fumando clandestinamente sus primeros petas fuera de casa con larvada insinuación, fantaseando un status superior a través del sabor de la nicotina. Los más atrevidos coqueteaban con la marihuana. Tampoco faltaba el más sofisticado fumando en pipa.

El refectorio siempre estaba atestado. La única asignatura sin absentismo. Cafés, cañas y bocadillos a precio de instituto. Humo de tabaco que no dejaba ver la barra ni al camarero de complexión obesa. Parejas comiéndose a besos; queriéndose y dejándose con la estabilidad de la antimateria. De lunes a miércoles hablábamos del fin de semana pasado. Los jueves y viernes del próximo.
En Automoción éramos todos varones. Los de Ribadumia y Cambados se pasaban todo el día discutiendo de sus novias motorizadas, persiguiendo la medalla de oro al mejor fantoche. Miguel y la culata limada de su Derbi vencían al 12+1. Sergio y su Vespino ridiculizaban la Yamaha de W. Rainey. Vicente alababa los decibelios de su escape Metrakit.
A los foráneos nos importaban un pimiento los ciclomotores y su tunning hortera. Presentíamos que las chicas de estos lugares tendrían que estar aburridas por decreto.
Ligar se nos antojaba harto complicado, casi tanto como una ecuación de segundo grado a un niño de guardería. Nos sentíamos infraseres presenciando como nuestras princesitas desperdiciaban su “prime time sexual” yéndose con ciclados, malotes y rafasmora. Jamás admitíamos que la culpa de tal sequía fuera nuestra.
A veces lamentábamos no habernos matriculado en Administrativo o Secretariado donde las féminas eran mayoría. En Automoción éramos treinta y siete. La mitad aproximadamente accedieron al instituto sin obtener previamente el graduado escolar, con serias dificultades para leer o escribir. En cierto modo, la F.P. era un trastero donde acudían los alumnos rezagados que pretendían sacar un título con más pena que gloria, aletargando la creatividad de los más ávidos.
El primer día me senté con un tal Alberto Domínguez, desgarbado, de carácter extrovertido y dado a las excentricidades y comentarios fuera de lugar.
Al apocado profesor Velasco, cuando este, en un gesto de humildad nos pidió que lo “tuteáramos”, Alberto le replicó vociferante, en medio de la clase: “¡ya sabéis, lo podemos putear!”

Los martes, de once a una teníamos dos horas seguidas de Dibujo. En medio el recreo. Por la pared exterior del aula pasaba la chimenea del bar. Al mediodía emanaba un intenso olor a tortilla que nos hacía a todos la boca agua, especialmente a Marcos que siempre ahogaba sus derrotas al tute cabrón zampándose un bocadillo de patata y huevo. A la salida del bar le hacíamos encerronas para usurparle un trozo. Si no accedía voluntariamente lo agarrábamos entre varios hasta conseguirlo. Semanas después, el asaltado discurrió un método infalible para que no le atosigáramos más-quitando la causa, cesaría el efecto- En la barra aun, con presteza abría el bocadillo y recorría la tortilla con la lengua. Consiguió que nunca más le pidieran. Como castigo quedó bautizado como el “mamapollas”.

La asignatura que más ilusionaba a mis compañeros era la de prácticas de taller. Se impartían tres tardes a la semana. Yo le tenía ojeriza al considerarme exento de talento en labores que exigieran destreza manual. Eso de desmontar un mecanismo, recomponerlo y que encima funcionara me parecía un acto milagroso más que una realidad cotidiana. Temía quedar en evidencia delante de mis profesores, más habida cuenta del éxito reciente de mi hermano.
El día de la presentación, entre los alumnos y los dos maestros existía una densa humareda que aplacaba el olor de la gasolina. Detrás de la niebla tabacosa se discernían los voluminosos cuerpos de Darío y Marcelino. De treinta y tantos los dos. El primero era malo. El segundo era malo también. Delante de sí treinta y siete pares de ojos inermes.
Bajo el síndrome de Peter Pan sus toses crónicas dominaban el arte del control mental mientras agitaban el humo afanosamente. Los dos estaban sentados detrás de una única mesa. Darío no acabara su pitillo cuando buscó la de Ducados en el bolsillo interior de su chaqueta, donde guardaba un Zippo que dejó encima de la mesa como quien no quiere la cosa. Con ultraje esbozó una sonrisa repasando nuestros gestos reservados. Minutos después comenzó a ¿hablarnos?

- ¿Tú cómo te llamas? – se dirigió a un compañero que ya se escondía.
- ...
- ¡No te agaches!, ¡hablo contigo!, ¡el rubio, si tú!-le increpó colérico.
- Pa-ja-res- profirió aterrado.
- Muy bien Pajares, ¿te llaman así porque te haces pajas?
- Sí señor.

La clase estalló en carcajadas de tensión que gracia poca. En mi caso, me vino a la mente aquel episodio del Luz de Luna con el Señor Fri. Temía ser la siguiente víctima de semejantes necedades. Seguimos observando expectantes, con callada incredulidad, cuánto allí acontecía. Hecho el silencio, Darío se ensañó con Pajares convertido para entonces en su trapo.

- A ver, ¿sí o no?
- ¿Sí o no qué?
- ¿Qué si te haces pajas?
- Alguna señor, como todo el mundo supongo.
- ¡Yo follo! ¡No como tú!
- Me llamo Pajares porque mi padre también es Pajares. –Dispuso de nuevo con humildad, sin entender el por qué de aquella pendencia.
- O sea, ¿nos estás diciendo que tu padre también se hace pajas no?
- ¡Ya llegó Darío!, ¿andas buscando pan de trastrigo?- Cortó la singracia Marcelino.
- Está bien. Le dejaré si me demuestra que es un chico obediente. ¿Eres obediente?
- ¡No señor!
- ¡Deja de decir “señor” que no estás en la mili! ¡Aquí vamos a ser todos compañeros! ¿Entendido?
- ¡Sí señor!
- Joder...empezabas a caerme bien. Pues vas al taller de al lado y me traes un cubo lleno de voltios. ¡Vuelve rápido!- Marcelino ahora estaba en sintonía con la broma.
- ¡Vale. Vuelvo en seguida!
- ¡Que te lo llene bien eh!
Pajares se irguió resuelto a satisfacer el encargo con diligencia pero cuando ya bajaba las escaleras le asomó una duda y regresó a preguntar:

- ¿Y el caldero quién me lo dará?
- ¡Alonso!, preguntas por Alonso que él te lo da... además de un par de ostias como no espabiles.
Aprensivos presenciábamos aquella situación. ¿Cómo es posible ir a buscar un cubo lleno de voltios? ¿Cómo es posible semejante falta de educación en un Centro Educativo? Pajares regresó fatigado.

- Me dijo Alonso que ya no le quedaban voltios.
- ¡Siéntate! Ya nos hemos reído lo suficiente.
- ¡Sí señor!
- ¡No aprendes!

Marcelino, cuyo rostro era un calco del juez Garzón, juzgó que ya eran horas de producir cuando Pajares empezó a llorar sin consuelo. Darío tiró entonces de su gesto más amable al ver el cariz que había tomado el asunto, quizás por miedo a las represalias. Pajares juró que nunca más volvería a pisar aquel centro. Así lo hizo.
El doble de Garzón dibujó en el encerado un pistón con su biela anclada a un cigüeñal y luego cubrió todo el conjunto con una pieza llamada culata. A continuación nos explicó los cuatro ciclos del motor Otto. La clase permanecía en absoluto mutismo. Nadie tenía dudas a miedo de salir a por lana y volver trasquilados.
Al día siguiente nos dieron las herramientas de trabajo: una lima y un torno manual en el que sujetábamos una pletina de un palmo de largo que había que devastar hasta alcanzar unas determinadas medidas. Además, las seis caras del paralelepípedo debían formar 90º entre sí. Mi mente viajó hasta la fábrica de Werdohl donde mamá hacía piezas para electrodomésticos. Limar era duro aunque no complicado. Lo difícil era escuadrar las caras. Próximos a la medida mínima había que ir con tiento. Miguel, habituado a limar la culata de su Derbi limó tanto que dejó la pletina en menos de la mitad, cubriéndosele las manos de ampollas, y las aristas como el morro de un Concorde. El día del examen, Darío examinó la pieza y luego dictó sentencia: ¡Lo has hecho muy bien, muy, muy bien! ¡Pero tendrás que hacerlo mejor! ¡Suspenso!

Permanecimos limando y haciendo roscas hasta abril como período de instrucción antes de disfrutar el aroma de la gasolina. La tarde de los viernes allanábamos el aula de quinto a hurtadillas. Allí estaban aquellos semidioses, entre ellos mi hermano, trabajando en coches de verdad.

En segundo nos dividieron en grupos de taller. Me acompañaban Sergio, Alberto y Oscar, este último tres años mayor. Oscar me emborrachaba con clases de ciclismo, por lo que pronto nos hicimos amigos.
Oscar César me contaba la Biblia en verso mientras pedaleábamos, recibiendo por mi parte monosílabos laxos. Oscar César Veloso insistía en las dotes de su hermano Gustavo aseverando mordaz que nos daría un buen correctivo si un día nos acompañaba mientras yo echaba el hígado en las primeras cuestas de la Armenteira.

En segundo conocimos a varios repetidores dueños de las juergas en el Instituto. Se desplazaban motorizados denigrando nuestra virginidad y escasez de libertad. Algo que ya no tenían. Algo que ya tenían.

Guillermo Buceta era el “macho alfa” de los repetidores. Actuaba siempre con denuedo, oteando el horizonte en busca de féminas, comentando lo que veía con su singular jerga. En el aula de dibujo, sentados al fondo formaban el club de los cinco. Una tarde había más bullicio del que venía siendo habitual. Dibujar no era tarea graciosa a falta de paciencia y mimo.

Unos minutos más tarde:

- Profesor, ¿puedo ir al baño?-pregunta Guillermo.
- No es que puedas, ¡debes ir al baño!

El aula explotó en carcajadas. El profesor se había enterado de todo. Guillermo caminó pánfilo hacia la puerta abrochándose la bragueta en tienda de campaña que susurraba: Vamos a subir al cielo nena...
Guillermo era fan de La Unión pero los que irrumpían con fuerza a principios de los 90 en el panorama musical español eran los zaragozanos Héroes del Silencio con cortes como Déjame o Maldito Duende. En el instituto su fan más destacado era Antonio Dios, que firmaba como Tony Héroes, para quien los Héroes eran Dios. Otros seguían a Nirvana, Queen o Fletwood Mac menos un compañero que era ferviente seguidor de la Orquesta Compostela, algo que nadie lograba comprender ni mucho menos respetar.
Yo aun no tenía grupo. A mediados del noventa y uno comenzaba a sonar con fuerza On every street, un álbum ecléctico de un exitoso grupo llamado Dire Straits con su single Calling Elvis. La canción era un homenaje al rey del rock y denunciaba la falta de comunicación. Arrancaba con un solo de guitarra inquietante y la entonación grave de Mark Knopfler. El final de la pista era poco común. Las guitarras y la pedal steel guitar se sucedían creando un ambiente oscuro. La rareza de ese single y el aura carismática que emanaba aquella foto de Knopfler de la Discoplay despertaron en mí un profundo interés por los Dire.
A partir de ahí ya nunca los abandonaría, buscando los discos pretéritos y sus numerosos bootgles. Hacerme fan de los Dire me reportó muchas alegrías, un par de broncas y otros tantos disgustos. Todo ello sin apenas esfuerzo económico.

Siempre entreví que la etapa del instituto no me solucionaría el futuro amén de gratos recuerdos. Logré que los estudios no me quitasen demasiado tiempo. Viví cinco años con unas expectativas que nunca antes había tenido. Pudimos comprobar que nuestras diferencias eran comunes y eso nos hacía ser iguales. Los amigos, la noche y los Dire Straits significaron un importante cambio de roles.
Durante el año 91 mi hermano terminó el instituto, trabajó en un taller de la Ford donde le echaron dos días después por la presión de los veteranos. Luego, se adentró en una efímera etapa universitaria en la Escuela de Ingenieros Técnicos Industriales, la cual tuvo que abandonar por problemas económicos. Finalmente se metió de cabeza en el negocio de la agricultura donde la economía nos acuciaría con más virulencia aún.
¿Qué mejor que los Dire Straits para definir todo aquello que estábamos viviendo?
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Jander
mié 25 feb 2015, 11:27
Miembro registrado #72
Unido: sáb 04 sep 2004, 04:14
Localidad: Toledo
Mensajes: 1351
Genial, me he reído un montón y, a la vez, me has hecho recordar mis tiempos de instituto. Muchas gracias por contar tu historia.
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Xepe
mié 25 feb 2015, 12:34
Miembro registrado #1019
Unido: lun 20 mar 2006, 05:32
Mensajes: 290
Coincido con Jander.

Una historia cojonuda muy bien redactada que le recuerda a uno lo rápido que pasan los años...
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Direguay
mié 25 feb 2015, 01:04
Miembro registrado #1801
Unido: mar 14 jul 2009, 11:49
Localidad: Asunción
Mensajes: 736
Muy buena historia, me la leí de un tiron y me solté más de una carcajada.
Pero no me jodan con esto que yo ya casi no recuerdo mi época de bachillerato... -jajaja-.
No, mentira, la recuerdo suficientemente bien, solo que en mi caso los discos eran -en vinilo y larga duración- de los Dire..
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vilanovarousa
mié 25 feb 2015, 11:01
Miembro registrado #1741
Unido: sáb 30 may 2009, 11:59
Localidad: vilanova de arousa
Mensajes: 704
Muchas gracias por vuestros comentarios. Me he quedado gratamente sorprendido.

Simplemente comentaros que este es un fragmento del borrador de un "intento de libro" en el que llevo trabajando años y que me gustaría terminar algún día, si puede ser antes de palmarla...jeje.

Si algún día llego a terminarlo, me gustaría titularlo: Knopfler no tiene la culpa.

Este trabajo en esencia habla de los paralelismos que existen entre el mundo del narcotráfico y el amiguismo-caciquismo de la política y el mundo de la construcción, en el cual llevo metido más de 15 años.

He decidido que si algún día llegara a publicarlo (posiblemente vía Internet), los exiguos beneficios que se obtuvieran de él con sus descargas destinarlos a una causa sin ánimo de lucro, ya que, sin pecar de falsa modestia, no soy escritor ni tengo talento, pero una fuerza interior me obliga a escribir "cosas" como esta.

Si os parece bien, en el subforo "off-topic" os dejo otro capítulo que versa sobre el "poder del dinero" desde que somos críos.


[ Editado mié 25 feb 2015, 11:03 ]
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